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Las marismas, Arnaldur Indriðason (Islandia)

La boca se le contrajo en una mueca de odio y mantuvo los ojos entreabiertos. Camino de Keflavik, y mientras la información de Elinborg le quemaba el cerebro como si fuera corriente eléctrica, Erlendur se había cuestionado si realmente se podía acusar a este hombre por lo que hizo en otra vida, cuando era otro hombre, en otros tiempos. Erlendur llevaba suficiente tiempo en el cuerpo de policía para recordar las historias que se contaban sobre él y los problemas que causó. Se acordaba de Rúnar. Se había encontrado con él dos o tres veces hacía muchos años, pero ahora era ya tan viejo y decrépito que le costó relacionar a aquel hombre con el anciano del jardín. Aún se contaban algunas historias sobre Rúnar dentro del cuerpo. Erlendur había leído una vez que el pasado era otro mundo y así lo creía. Entendía que los tiempos cambiaban y los hombres también. Pero no estaba dispuesto a borrar el pasado.


FICHA TÉCNICA
Título: Las marismas (Serie Erlendur #3)
Título original: Myrin
Género: Novela negra
1ª edición en islandés: 2000
Edición en español: 2006
Editorial: Círculo de Lectores
ISBN: 978-84-672-3527-2
Nº de páginas: 278
Traducción: Kristin Arnadóttir
Formato: Tapa dura
Otros: Premio La Llave de Cristal 2002
Sinopsis: Holberg, un camionero de sesenta y nueve años, aparece asesinado en el sótano de su casa en el barrio de Las Marismas, en Reikiavik, junto a una nota incompleta de lo que aparenta una confesión —“Yo soy el…”—, que sólo cobrará sentido para Erlendur y su inseparable Sigurdur Óli cuando encuentran la foto de la tumba de una niña. Sin embargo, esa niña, fallecida hace más de cuarenta años, no fue asesinada. ¿Qué significa entonces el mensaje del misterioso Holberg, a quien nadie parece conocer?
Valoración: 5/10

Dos por el precio de uno. Justo al día siguiente de terminar Las marismas encontré en un saldo de una de mis librerías habituales su contnuación -La mujer de verde- y pensé que era una señal; por tanto, decidí leerlo también. Es lo que tiene leer un libro que forma parte de una saga, que te quedas con ganas de seguir... Y no es que me haya gustado especialmente; las comparaciones con Kurt Wallander son inevitables, y Mankell sale ganando por goleada con su detective de la calle Mariagatan, que es casi ya de la familia.

En estos dos libros nos encontramos con uno de esos policías habituales de la literatura negra escandinava, que tantos éxitos está cosechando desde hace ya  dos décadas. Un hombre de mediana edad, solitario, centrado en su trabajo y con una vida familiar y personal desastrosa. Amargado por su trabajo, por lo que tiene que ver cada día, y sin mucha confianza en el ser humano.

Hasta aquí no habría demasiadas diferencias con Kurt Wallander (lo siento, es mi referente). Pero lo que en Kurt es entrañable, en Erlendur no pasa de ser anodino. El policía de Ystad es profundamente humano, mientras que el de Reikiavik es un estereotipo.

Lo mismo ocurre con sus compañeros de investigación. Ni su vida privada, ni su motivación, ni su vida policial tienen demasiado interés.

¿Por qué leer, entonces, 2 de los libros de la saga, si ya el primero me decepcionó? En primer lugar, porque una serie de policías por lo general requiere un par de historias para ir encontrando su tono, para que vayamos haciendo nuestros a sus personajes. Pero si consideramos que -aunque no se hayan traducido al español los dos primeros libros- Las marismas es el tercer libro de la saga y La mujer de verde el cuarto, ya no creo que el tono vaya a mejorar demasiado. No, al menos, en mi gusto.

Pero también quise leer la continuación de Las marismas por averiguar qué pasaría con Eva Lind, la hija de Erlendur, quizá lo único que realmente me ha permitido conectar con la historia. Esa hija drogadicta, rencorosa, incapaz de gestionar su vida, siendo ya una persona adulta. Y su relación destructiva con su padre, a quien culpa de todas sus desgracias. Me sale la vena cotilla, imagino, y quiero averiguar qué ocurre con ella, si comprenderá el daño que le ha hecho su madre, intoxicando la relación con su padre de una forma tan venenosa como lo ha hecho; si aparecerá el hermano que también arrastra problemas de alcoholismo, y del que apenas sabemos nada. Es el único elemento que me llevaría a seguir leyendo la saga, pues el final de La mujer de verde es un cliffhanger en toda regla...

Ahora bien, además de historias personales ¿qué más encontramos en estas novelas? temáticas que son habituales en este tipo de literatura, como la violencia doméstica, el abuso infantil, las agresiones sexuales, el alcohol y las drogas... y la profunda soledad de la mayoría de los personajes. Temáticas que ya hemos encontrado en los libros de Mankell y Stieg Larsson, por ejemplo, pero también en la estupenda novela de terror Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist, o en La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Høeg. Todas estas novelas -suecas, danesas, islandesas...- nos dan una visión de la sociedad muy alejada del Estado del Bienestar del que fueron modelo a partir de los años 50 y 60 del siglo XX. Y lo que en las novelas mencionadas pasa a ser un relato de la crisis económica, social y económica que vino con el fin de siglo, en las novelas de Indriðason es sólo parte de un trasfondo que apenas se destaca; no hay referencias sociales ni políticas, no hay crítica al giro neoliberal que cambia la economía, los valores o las relaciones sociales. Y en ese sentido, las historias se me quedan cojas.

Como historia, considero que la de La mujer de verde está mejor construida que la de Las marismas, aunque esta tiene más conexión con el presente. La historia de La mujer de verde me recordó a otra escritora de este subgénero de novela negra nórdica, Camilla Läckberg, quien narra de manera muy detallada el pasado que ha dado lugar a los acontecimientos del presente en su saga de Fjällbacka. Y, como en las novelas de esta escritora, la historia del pasado me interesó mucho más que la resolución del caso presente, por relacionados que estén.

Por tanto, no creo que siga con esta saga, aunque haya sido una lectura interesante para este reto. Salvo que consiga el siguiente libro también de oferta, o en la biblioteca. Y así tendré más información sobre Eva Lind.

El video que comparto con esta entrada no es en islandés, sino en inglés. Es lo más conocido de la campaña del Gobierno islandés para atraer turismo a su país, que centraliza en su página web Inspired by Iceland.
Jungle drum, de Emiliana Torrini, cantante islandesa, canción inluida en su album Me and Armini (2009). Este video me ha agudizado las ganas de visitar el país, que ya es uno de mis objetivos desde hace tiempo.

Y como hoy traigo dos libros ¿por qué no dos videos? También Little Talks (2001), del grupo Of Monters and Men, que nos permite ver -aunque sea en animación- algo de los paisajes nevados y volcanes que imaginamos en Islandia.


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